La resistente

Observo el humo fundirse con los rayos de sol que se cuelan por mi ventana. Echo un vistazo alrededor. La habitación en calma, las sábanas se adhieren a mi piel, estoy empapada pues apenas hace media hora emanaban sexo y placer. Noto cómo se va humedeciendo mi vagina, me toco, respiro y expiro lentamente, el cigarro se consume entre mis dedos, cada vez me concentro más en el ritmo de mi pelvis. Fijo la mirada en él, está a mi lado, desprende tanto calor… sus músculos tonificados contrastan con la luz que entra, creando pequeñas montañas tersas, porosas. Estoy muy cachonda. Se despereza, se ha despertado y esboza una sonrisa…me ha pillado in fraganti.

-¿No puedes esperarme?- sus manos buscan complacerme.

Le rechazo, tengo ganas de jugar. Prendo el ordenador y busco en el navegador “webcam”.

-Vamos a ganar un dinerillo, ¿qué te parece si…?- No puedo acabar, aguarda impaciente detrás de mí, la tiene dura, lo sabe, presiono más los cuerpos, la respiración se sintoniza –estoy muy caliente- le doy al play. No llega al minuto y ya hay 50 visualizaciones. “Pellizca sus pezones con una mano, amarra el pelo con la otra” escribe usuario peneglandeespañol. Estoy jadeando, quiero que me penetre, estrecho su polla entre mis dedos, los mismos que sentían esfumarse el calor del cigarro que había prendido, las mejillas se me tornan rojas, los labios se dilatan. La meto, no puedo esperar, está claro que él también ansía mi coño. Me tiene sujeta hacia sí, no puedo escabullirme. Me retuerzo de placer, mi espalda se arquea respondiendo al deseo sexual, su lengua repasa los lunares de mi espalda y hace más presión en los embistes. Un súbito escalofrío me eleva, los párpados caen, los latidos son más fuertes. Él persiste en el movimiento, estoy a punto de sucumbir, me muevo con energía – ¡ay!- la luz roja de la cámara intermitente revela mi torso retorcerse, mis pechos se balancean. Me corro, aprieto mis uñas en sus nalgas, lo que estimula más su sexo, me agacho, estoy saciada pero quiero más de él. Mi boca juega con su miembro. Él desliza sus manos por mi cabello, apremiante. – Así, así…sigue- jadea. Los usuarios piden más, expectantes, satisfechos. Finalmente, termina extasiado. Quién nos iba a decir que esta experiencia pudiera ser tan estimulante. Detrás de la cámara, aguardarían nuestros deseos más ocultos, la llama que encendía mi cigarro de esta mañana, nosotros, el humo que bailaba a la deriva y a las órdenes de las corrientes, todo uno, todo al unísono.

Y así, dos personas que disfrutan del sexo sin deshinibirse, hacen un pacto discreto con extraños, ellos les incitan a ir un paso más, a hacer cosas que de por sí se hubiese vuelto monótono.

Ahora ella duerme y él la observa, echa un vistazo a su alrededor, todo está quieto y envuelto en un aura de placer y sudor. Una ráfaga de aire mueve la cortina, la luz ahora es más tenue, unas nubes cubren el cielo. Se avecina tormenta.

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