Si te pillan, es mejor que confieses

“¡¿Qué le digo ahora?!”

Pienso mientras Paola, una de mis yuntas y mi antigua amante, está en la puerta de mi salón, mirándome y con cara estupefacta. Abanica su rostro con el folleto de publicidad que ha encontrado en el cajón de los cubiertos. Ese folleto que recogí, que guardé y que ponía: “Se necesitan chicas para una empresa webcam porno” No sé por qué diablos estaba en el cajón de los cubiertos, se me olvidaría tirarlo en uno de estos días que vas recogiendo la cocina a toda prisa. Pero lo hecho, hecho está y ya no se puede hacer nada, tengo que confesárselo…

— Paola —comienzo a decirle—. Ven.

Y tomo una pose más seria en el sofá. Con la espalda recta y los pies en el suelo. Mi amiga viene medio sonriendo con incredulidad, medio excitada por la curiosidad. Lo sé porque la conozco muy bien… ella es como yo. Recuerdo cuando me contó cuando probó su primera tula. Le gustó tanto el sabor y el poder que se consigue al dar placer que, al día siguiente, se lo volvió a hacer a su novio con su amigo dentro de la misma habitación. Y cuando este chico se puso cachondo y ella vio el bulto que tenía en sus pantalones, le dijo que si él también quería. Y le hizo el mamón. Ese día ella comprendió el poder que consigue una mujer sobre un hombre a través del sexo. Tuvo a su merced a esos dos chicos durante muchos años, hasta que ella se cansó porque se estaban metiendo en problemas al hacerse miembros de bandas callejeras. Uno murió de una puñalada hace ya unos años, nos enteramos por amigos de nuestro barrio de cuando éramos niñas. Pero bueno, yo estoy seguro que alguna vez se acostó con los dos a la vez… me lo tiene que contar algún día.

Paola llega hasta mi lado y se sienta junto a mí. Tiene esa mirada que dice: ¿Es enserio? ¿Haces webcam show?”, pero guarda silencio, espera a que yo hable.

— Yo… —la miro con carita de cordero degollado—. Sí, es… es lo que te estás imaginando.

¡Se le abren los ojos como platos!

— Vi que se trabajaba en casa, que se disfrutaba y que era seguro así que decidí probar.

— ¡Oh! —Exclama con alegría—. ¿Ya lo has probado? Jajaja.

Y se lanza hacia a mí a hacerme cosquillas, riéndose de esa manera que tienen los que ya nos hemos tomado unas cuantas copas con alcohol.

— ¡Aaahhh! Jajaja —río al sentir sus dedos por mi estómago, por mis bubys, por mis axilas, por mi poto—. ¡Para! Jajaja, ¡para Paola!

Tengo muchas cosquillas.

Cuando consigo que se detenga, me lanza un beso fugaz a los labios y, con los ojos húmedos de la risa me dice.

— ¡Cuenta, cuenta!

Yo me llevo mi margarita a mis labios y le doy un sorbo antes de comenzar a contarle.

— Verás… Llevo ya una semana. Justo empecé el viernes pasado.

Paola se queda con la boca abierta.

— He tenido 5 clientes de momento, estoy empezando y quiero ir despacio.

— ¡¿Cómo los consigues?! A los clientes, me refiero —me pregunta.

— Me los consigue la empresa. Son muy profesionales, me han asesorado bien. Ellos crearon mi perfil dentro de sus plataformas y una vez allí, los clientes ven tus fotos o videos y te eligen. Chateas un poco con ellos, les convences de que eres la ideal, pagan y haces lo que te piden —no me pongo roja al decir esto último.

— ¿Y qué te piden? —Dicen excitada y curiosa.

— ¡¡De todo!! Mira, mi primer cliente me pidió que me disfrazara de caperucita roja y me pidió que le enseñara todo lo que la jovencita del cuento escondía. ¡¡Bueno, bueno!! El último tenía una… —Y estiro mis brazos paralelos al suelo y con las manos indico un tamaño similar al largo de una botella grande de agua.

— ¡Oh, dios mío! ¿Y qué hay de los otros?

— Mmmmm, pues el más entretenido fue el segundo. Al igual que el primero prefirió que habláramos por el micrófono del videochat, los otros querían que conversáramos con teclado y claro, eso te impide continuar con ciertas cosas, ya sabes —y le guiño un ojo.

Paola sonríe, me devuelve el guiño y bebe de su margarita. Yo continúo.

— El segundo me pidió que me gatillara utilizando un consolador y que mientras, le gritara cosas fuertes para que se excitara. Había comprado un montón de juguetes porque me lo habían recomendado mis compañeras de trabajo. Le ofrecí que eligiera y aquello era… Uuffff. Una maravilla. Me senté en la silla, subí mis piernas ya abiertas sobre la mesa para que la webcam enfocara mi depilado chorapio y comencé a gatillarme con aquel juguete. ¡Qué gozada!

— Jajaja, ¡joder qué imagen más sexy! —Dice Paola— ¿Y qué le gritabas? ¿Qué te pedía que le dijeras?

— Mmmmm, pues de todo. Cosas cómo: ¡Dame duro! ¡Métemela más! ¡Vente dentro de mí! Se puso súper cachondo…

— Como estoy yo ahora…

La sexy voz de Paola hace que humedezca más aún mis braguitas. Ella deja su margarita sobre la mesa y comienza a acercarse a mí mientras me dice:

— ¿Por qué no me cuentas que te pidió tu tercer y cuarto cliente?

Uuffff, suspiro gozosamente, subo mis piernas al sofá de tal forma que ella queda entre ambas y le digo:

— Vale —al tiempo que recuesto la cabeza en el reposabrazos del sofá, miro al techo y comienzo a sentir los besos de Paola subiendo por entre mis muslos.

Y con una muesca de placer en mi rostro, empiezo a contarle las otras experiencias que he tenido hasta ahora con los clientes de la webcam porno.

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