La excitación de mirar

— Más a la izquierda —le digo a Paola.

— ¿Aquí?

— No, no. Para el otro lado.

Paola mueve su poto hacia el cabecero de la cama, quita la almohada, la tira al suelo y se sienta allí, con la espalda pegada a la pared y sus largas y bonitas piernas estiradas en la cama.

— ¡Ahí! ¡Ahí! —le digo.

Hace dos noches fue cuando le confesé a Paola, mi amiga y antigua amante, que había empezado a trabajar para una webcam porno. Le estuve contando cómo funcionaba todo, cómo era de divertido, las cosas que me pedían, etc. Le encantó tanto, le excitó de tal forma, que volvimos a recordar viejos tiempos de adolescentes en la cama. Fue tan… tan placentero…

Una vez acabamos ella y yo nuestra larga y apasionada sesión de sexo, me dijo que tenía curiosidad por verme haciendo un webcam show, así que le dije que el próximo día que trabajase que se viniera conmigo. Y aquí estoy, lista para empezar de nuevo tras haberle buscado una posición a Paola en mi habitación desde donde me puede ver pero sin que el cliente la vea.

Me siento frente al ordenador y me obligo a mirar de reojo hacia ella. Hoy el cosquilleo que recorre mi estómago es aún mayor que el primer día. Me siento como una cantante de rock que va a hacer un concierto en privado para su mayor fan. Observada.

Llevo puesto unos pantaloncitos vaqueros muy cortos, estoy descalza y llevo una camiseta de manga corta y blanca que me queda muy ajustada y que marca mis pezones. Comienzo a chatear con los clientes del chat porno mientras Paola me hace preguntas que hacen que me ría, que me excite…

— ¿Te dicen muchas guarradas antes de contratarte para el chat privado?

Simplemente sonrío al escucharla, pero no la contesto.

— Te estoy poniendo húmeda con sólo mirarte, ¿verdad?

Guardo silencio aunque me sonrojo un poco.

— ¿Tardas mucho en convencerles para que accedan al privado?

No lo he cronometrado, así que me limito a encogerme de hombros.

— ¿Por qué no piensas que estoy ahí metida bajo tu mesa, entre tus piernas mientras hablas con ellos?

Uuffff.

Quiero mirarla pero me resisto. Aunque eso no impide que mi cabeza se ladeé un instante hacia ella.

Vuelvo a prestar atención a mi chat y a la webcam, un nuevo usuario ha llegado.

— ¿Y cómo te llamas, le escribo?

— Benjamín —me escribe, parece tímido.

— ¿Es tu primera vez en un videochat porno?

— Sí. Nunca antes había venido.

— ¡Ay, que lindo! Pues no te preocupes por nada, amor. Yo estoy aquí para hacer lo que tú me pidas. ¿Qué te gustaría verme hacer?

En ese momento siento cómo mi silla se mueve un poco, empujada por una fuerza fantasmal hasta que veo al fantasma bajo la mesa. Es Paola que se ha metido allí debajo, ha atraído la silla todo lo que ha podido hasta el borde de la mesa y me ha comenzado a quitar los pantaloncitos vaqueros y las bragas. Mete la cabeza entre mis piernas y comienza a lamerme mi chorapio, mi porotin… Uuffff. Me retuerzo en la silla y comienzo a gemir. Estoy muy hot. Acerco el micrófono y le escribo a Benjamín que se ponga los auriculares y cuando me dice que los tiene comienza a escucharme gemir. ¡Dios! ¡Paola me lo come tan bien…!

— ¿Me escuchas? Mmmmm—Le escribo a mi nuevo cliente.

— Sí, sí —me responde con el teclado.

— Estoy así de húmeda por ti, Benjamín. ¡Aahh! Dime qué quieres que… ¡AAHH! ¡Que te haga! —le gimo por el micrófono.

Sus dedos se mueven tan rápido como la lengua de Paola:

— Quiero que me hagas un striptease.

— Ummm, ¡qué rico! Claro que sí.

Yo llevo mis manos hacia Paola y le aprieto su cabeza contra mi porotin mientras Benjamín empieza a conectarse al videochat privado. Cuando lo hace, veo cómo es. Es un chico joven, de unos diecinueve o veinte años y veo que está muy nervioso. ¡AY POBRE! ¡Le voy a dar el mejor show que jamás haya tenido! Justo antes de que se conecten las webcams, retiro a Paola y me subo los pantaloncitos y las braguitas que se encharcan al sentir mi humedad.

— ¿Listo? —Le digo al micrófono.

Él asiente con la cabeza.

— ¿Quieres que ponga música?

Me escribe que sí, así que rápidamente busco en mi ordenador una canción de reggaetón y la pongo bien alta para que la pueda escuchar. Paola se sienta en el suelo, con las piernas cruzadas, y cómodamente va a disfrutar también del show bajo la mesa.

Con la música comienzo a mover mis caderas. Primero mirando hacia la webcam, después le doy la espalda para que vea mi rico poto.

Me acaricio los pechos con las manos, las subo hasta mi cabeza, gimo mientras me muevo. Bajo y subo haciendo sentadillas. Sensualmente comienzo a desabrocharme mi pantaloncito vaquero, me meto la mano y me gallito mientras Paola y Benjamín me miran. Ella disfruta mirando el baile, él lo hace mientras bate su mamadera. Lentamente comienzo a quitarme los pantalones y las bragas, tapándome mi chorapio con las manos, después me doy la vuelta, abro un poco mis piernas, bajo mi centro de gravedad, saco mi poto hacia fuera y comienzo a moverlo rápidamente. Haciendo eso que se ha puesto de moda, el twerking. Me encanta joder haciéndolo, ¡es una gozada!

Me quito la camiseta y me doy la vuelta, me paso los dedos por mi entrepierna, después me los chupo para él y para Paola. Me acerco al micro y le digo a Benjamín.

— ¿Tienes ganas de darme tu lechecita, amor?

Y me dice que sí, mientras se jala a toda velocidad.

— ¡Dámela! —Le pido gimiendo.

— ¡Dámela! —Se lo repito y acerco mi boca a la webcam. Abro la boca y saco la lengua, como hacen en los vídeos porno, y se la pido de nuevo.

Benjamín se corre y yo grito de placer.

Mientras nos despedimos, yo me vuelvo a sentar en la silla y vuelvo a sentir a Paola entre mis piernas. Quizás Benjamín haya acabado ya, pero parece que mi amiga y yo, nos vamos a volver a dar a otro festín.

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