Mi primer cliente, mi primer orgasmo

Hola a todos, ¡ya estoy de vuelta!

Hoy os voy a seguir contando lo que dejamos pendiente en mi post anterior respecto a qué es lo que me pidió mi primer cliente, pero antes tengo que dar las gracias al dueño de la empresa de webcam porno donde trabajo.

Recuerdo las palabras que me dijo antes de comenzar: “Claudia Andrea, te recomiendo que inviertas en disfraces puesto que los clientes te van a pedir cosas así”. Me quedé con cara de tonta, entre la excitación y la sorpresa, pero creedme cuando digo que hice bien en seguir su consejo. Cuando me lo dijo, no supe si creérmelo o no. Me sorprendió tanto que pensé que me estaba güeviando, pero pude preguntar en persona a otras chicas de la empresa y estas me lo confirmaron.

Compré unos cuantos disfraces, algunos que sé que me quedarían muy sexy y otros que a mí me daban morbo y que ya había utilizado antes.

Ahora, ante mi primer cliente en una webcam porno, todas mis sospechas se corroboran al escuchar su respuesta a mi pregunta de:

— ¿Qué te gustaría verme hacer, mi amor?

Él responde al micrófono:

— Me gustaría que te jalaras para mí, quiero oírte gemir.

— Mmmmm —gimo con excitación y lamiéndome la lengua — ¿Y lo quieres de alguna manera en especial? Recuerda que me pongo muy húmeda cuando me piden cosas diferentes. ¡Quiero que me hagas gozar!

Noto a través de la cam cómo sus ojos se abren como platos al el otro lado de la pantalla y desde su silla de ordenador me dice con latente timidez:

— Quiero… me gustaría verte vestida de… de caperucita roja.

Uuffff.

Me pongo más húmeda al instante.

— ¿Quieres que sea tu caperucita roja? O… ¿Caperucita roja la cachonda?

Siento como se le acelera el corazón.

— La cachonda, la cachonda —me responde con lujuria.

— Mmmmm —Vuelvo a gimotear—. Eso me gusta, lobito malo —Y observo cómo baja su mano hacia el pantalón— enseguida vuelvo con el disfraz.

— ¿¡Puedo vértelo?! —Me pregunta con premura, como si fuera a desaparecer de su mundo.

— ¿Verme qué? —Le digo ya de pie e inclinada hacia delante mostrándole mis gomas redondeadas hasta la perfección por mi sujetador.

— Verte mientras te lo pones.

— ¡Claro! —Me paso la lengua por el labio y le guiño un ojo. Me volteo para que vea mi sexy poto a través de la webcam y me voy hacia el armario.

El disfraz de caperucita siempre me ha encantado y ¡claro que lo compré! Las chicas de la agencia me dieron una lista de los quince disfraces más solicitados y este estaba entre ellos. Es atrevido, juguetón y esa faldita deja poco a la imaginación. Voy hasta mi armario, descorro la puerta y cojo el vestido con todos sus complementos. Después regreso, aparto la silla y recoloco la cámara para que mi cliente me pueda ver de arriba abajo.

Lo primero que hago es acariciarme el porotin por dentro de mis braguitas y digo en alto, hacia el micrófono para que él me escuche:

— Uuffff, ¡sí que me has puesto húmeda! ¿Te estás poniendo hot?

— Sí, sí… —me dice desde la lejanía.

— Mmmmm, eso me gusta.

Acto seguido comienzo a vestirme, dando comienzo oficial, al menos por mi parte, a mi primer show de webcam porno. Porque ahora sí que va a empezar a subir la temperatura…

Comienzo a vestirme lentamente, primero me pongo la faldita, más corta que la de la protagonista del cuento. Estando de pie puede ver mis queques. Luego, le doy la espalda, me quito el sujetador, se lo tiro a la cámara y miro hacia atrás dejando que se me vea sólo el perfil de mis bubys… pero no el toperole. Me pongo la sexy camisa blanca con el corpiño rojo y negro y sus cuerdas las aprieto con deseo para que mi 90 de pecho parezca una talla cien. Y cuando mis gomas están en posición, me giro, me acerco a la cámara y le digo meneándolas:

— ¿Te gustan, lobito? Quiero que derrames tu leche sobre ellos.

Eso le excita aún más y comienza a batir su mamadera bajo la mesa.

Después, me quito las bragas sin dejar que vea nada de lo que hay debajo y las dejo en el suelo. Cojo las ligas que van a juego con el conjunto y, tras levantar una pierna y ponerla sobre la mesa, de tal manera que vea mi chorapio, comienzo a ponerme la liga.

— ¿Ves mi chorapio, lobito?

Él asiente con la cabeza vehementemente, siento que le está encantando.

— Está depilado, para que venga el lobo y me meta su sucia lengua hasta que me corra. ¿Y tú, te quieres correr? —le pregunto al lobo.

De pronto me dice que sí con la cabeza y sus ojos le vibran.

— Pues déjame ver tu tula y cómo apuntas tu esencia hacia mí.

Las palabras que él escucha a través del chat, le espolean, se levanta mostrándome su pico mientras hace un cinco contra uno y, tras un rato en el que yo me toco para él, lanza un feroz gemido y se corre.

Mmmmm.

Tras ello, se sienta en la silla y se encuentra con mi mirada traviesa. El respira con dificultad y tras conversar un poco más nos despedimos, terminando así la primera experiencia de esta chilena como modelo de webcam porno.

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