Mi primera experiencia como modelo de webcam porno

¡Hola! Soy Claudia Andrea, tengo veinticuatro dulces años y estoy estudiando periodismo al tiempo que trabajo de camarera los fines de semana. Tengo los ojos de color verde zafiro y mi metro sesenta resalta a cada paso que doy gracias a mis deliciosas curvas. Hoy empiezo un nuevo trabajo desde casa como modelo de webcam porno y estoy ansiosa por comenzar. Me gustaría contaros porqué he elegido este trabajo pero ahora estoy súper ocupada porque me toca empezar, y claro, con mi mano bajando sensualmente por mi estómago planito, como que estoy algo distraída.

Me ruborizo al sentir cómo se me eriza el vello de todo mi cuerpo por culpa de lo que están haciendo mis dedos. Noto mis braguitas húmedas y mis pezones muy sensibles bajo la tela de mi sostén. Es invierno y aunque tengo la calefacción puesta en casa, necesito entrar más en calor.

Me acabo de conectar a mi videochat y estoy algo nerviosa. Nerviosa y excitada. Nunca había pensado en ganar dinero de esta forma pero ¡qué le voy a hacer yo! La idea me resultó muy apasionante y lo único que tengo que hacer es trabajar solita desde casa y ¡haciendo algo que me gusta! Además soy de las chicas que, aún siendo joven, no tiene reparo en hablar de sexo con mis amigos y amigas, no me ruborizo por decir la palabra porno, follar o mamada así que, ¿por qué me voy a sonrojar por decir que soy una chica de webcam amateur? No tendría sentido. Me gusta el sexo y si vosotros supierais lo que ya he hecho a mi edad, también me entenderíais. El sexo es vida y como mujer, me gusta vivir al máximo.

Hoy es mi primer día en este trabajo, nunca he probado algo parecido, ni si quiera he utilizado eso de hablar por Skype, pero he de decir que esto de verme a mí misma medio desnuda en la pantalla del ordenador a la vez que mi mano izquierda empieza a acariciar mi clítoris… Uuffff. Me excita muchísimo.

Leyendo por internet sobre los webcam show llegué a una conclusión: “Yo voy a ser única en mi trabajo, voy a ser distinta”. ¿Y sabéis por qué lo pensé? Porque en todos los lados me encontraba que las modelos de webcam porno trabajan para dar placer a sus clientes, pero yo no voy a hacer eso. Voy a ir un paso más allá porque sé por experiencia que a todos los hombres les gustaría que una mujer de curvas espectaculares gozase con ellos, porque que él consiga que una belleza de ensueño gima como una perra le hará sentirse como un rey.

Por eso yo no voy a dar simplemente placer, sino que también les animaré a que me digan y escriban cosas que hagan que me corra.

Mi mano derecha está sobre el ratón y la llevo al teclado para contestar a los primeros hombres que me han escrito al chat cam. Mientras, con la izquierda, palmo mis braguitas húmedas y la cuelo en su interior. Acaricio mis empapados labios mayores y, ese olor tan característico de mujer cachonda, sube hasta mi nariz. Me da un escalofrío y sonrío con lujuria. Tiemblo de los nervios al no saber qué me voy a encontrar aquí y qué es lo que me van a pedir, pero yo esa sensación la elimino con placer.

Recorro mi clítoris con dulzura y después lo presiono.

Uuffff.

Jadeo de placer y me retuerzo sobre la silla. Mis ojos se me abren como platos al verme a mí misma abriendo la boca para emitir gozosos sonidos. Eso me excita aún más. Ya había comprobado, al follar frente a un espejo y viendo a dos amigas montándoselo durante un viaje en la casita de mis padres en Valparaíso, que mirar a alguien teniendo sexo o a ti misma haciéndolo, es muy excitante. Por eso me animé a probar el mundo de las chicas webcam. Me pareció muy seductor y, aunque es cierto que nunca he visto todavía a un hombre hacerse una macaca delante de mí, creo que ver sus caras y sus pollas, me va a poner a cien.

Tras intercambiar las primeras palabras con varios usuarios, le escribo a uno de ellos:

— Me he empezado a masturbar, mi clítoris está muy húmedo. Y ahora acabo de alejar mi mano de allí abajo y me he relamido los dedos. Mmmmm.

Al sentir lo excitada que estoy, ese hombre contrata los servicios y conectan su webcam.

Le veo, le sonrío y le escribo que me gusta hablar, gemir y que me escuchen hacerlo. Le escribo que si puede utilizar también su micrófono en lugar de su teclado y me dice que si asintiendo con la cabeza. A través de la pantalla le veo que se agacha a conectar el micrófono para después acercarse a él y decirme:

— Listo.

Entonces vuelvo a meter mi mano bajo mis braguitas, me acaricio el clítoris, le miro lujuriosamente y le digo:

— ¿Qué te gustaría verme hacer, cariño?

Y entonces él se acerca al micrófono y me dice…

¡Mmmmm! Lo que me dice que haga me pone a cien, pero eso ya os lo cuento en el próximo post, ¿vale corazones? ¡No os lo perdáis!

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